La foto del inicio de clases
La foto del inicio de clases, impoluto, feliz, acompañado.
En el detrás de cámara de las sesiones de fotos siempre hay caos, esta vez no es la excepción.
Una mamá sin bañar, compras de uniforme, tuppers y etiquetas, papelitos de marcar cada una de tus cosas por todos lados de la casa y un tuco hirviendo para poder congelar en mini porciones y no colapsar en el día a día. Todo esto, mientras trabajo y te leo por vez 10 mil “El Misterio de la Vaca que Hacia Caca” (de fondo suena un tema de Duki, para recordar el otro lado de la vida en medio del caos).
Toallita de Paw Patrol, pasta de dientes de Toy Story y cepillo de Mickey Mouse. Mochila que por suerte reusamos del año pasado y muuuuuchas remeras y pantalones azules que para poder reusar y aunque pareciera que no, dejé en remojo, lavé y sequé con mucho cuidado y odio.
Championes que parecen nuevos aunque por ahi heredaste de algún primo, otros no, efectivamente son nuevos pero durarán así lo que dura el primer recreo. Corte de pelo que aun tengo pendiente y tu amor siempre recordándome de dónde tengo que sacar fuerzas.
Horarios de adapación incompatibles con la jornada laboral pero imposibles de saltearse.
Estrategia, planificación, organización con semanas de antelación para nuevas rutinas y dinámicas en la vida de todos.
Explicaciones, anticipación y esperanza de que te guste la nueva maestra y los nuevos horarios de este año.
Paciencia, paciencia y paciencia.
La foto del inicio de clases, impoluto, feliz, acompañado.
Y aunque por detrás haya todo ese relajo, quise que fueras parte, fuimos a comprar los tuppers juntos, pegamos etiquetas torcidas, hablamos de las nuevas rutinas y cocinamos juntos el tuco.
Lavamos la losa después y también elegimos las cebollas antes.
Compramos las remeras en equipo con tu “Buenas tardes” como bandera a la señora de la tienda y te las probaste con mucho orgullo.
Porque si algo te prometo es que nos vamos a sacar muchas fotos impolutos y felices, pero siempre voy a ser transparente en las cosas no tan lindas, mis caras de cansada van a tener una explicación ante tus “estas bien?”, con honestidad, con simpleza y con amor.
Esta vez fue difícil pero también disfruté del proceso, porque aprendí que relajo fuera de control, en equipo y con risas es mejor que menos relajo pero en silencio, soledad y a la madrugada.
Fuerza mamitas, que la vida es una y estos pibes nos van a amar aun sin tener los uniformes perfectos y la mochila nueva.